Cómo hacer un plan de marketing paso a paso, con un ejemplo real
Para hacer un plan de marketing hay que partir de un objetivo comercial concreto, elegir a quién le vendés, diagnosticar dónde estás parado, definir canal, oferta y mensaje, diseñar el pipeline hasta la reunión y fijar KPIs de proceso. Acá lo armamos paso a paso con un ejemplo real de una empresa de TI.
Ya explicamos en otro artículo qué es y qué incluye un plan de marketing, así que acá no vamos a repetir teoría. Este artículo hace otra cosa: arma el plan delante tuyo, con un caso ficticio pero verosímil, para que veas cómo se completa cada bloque en la vida real y no solo en el papel.
El caso: una empresa de TI en Ciudad de México que vive de referidos
Vamos a llamarla Nodika Sistemas. Son 18 personas, están en Ciudad de México, y venden proyectos de integración y desarrollo a medida que van de 20.000 a 60.000 dólares. Hoy el 90% de sus clientes nuevos llegan por referido de un cliente actual o de un ex empleado que ahora trabaja en otra empresa. Funciona, pero no escala: cuando el pipeline se seca, no hay palanca para reactivarlo, y el crecimiento depende de que a alguien se le ocurra recomendarlos en la conversación correcta.
Este es el tipo de situación en la que un plan de marketing deja de ser un documento prolijo para convertirse en una herramienta de supervivencia comercial. Vamos a armar el de Nodika paso a paso.
Paso 1: definir el objetivo comercial, no el objetivo de marketing
Lo primero que se decide es qué necesita el negocio, no qué necesita el área de marketing. La pregunta no es “¿cómo generamos más leads?” sino “¿cuántos proyectos necesitamos cerrar el año que viene y de qué tamaño?”.
Lo que se escribe en esta etapa es una frase simple, medible y con plazo. Nada de “aumentar la visibilidad de marca”.
En el ejemplo, Nodika define: cerrar seis proyectos nuevos de 30.000 dólares promedio en los próximos doce meses, provenientes de canales distintos al referido. Ese número, y no un genérico “crecer”, es el que ordena todo lo que sigue.
Paso 2: elegir a quién le vendés (y a quién no)
Acá se decide el perfil de cliente ideal, con criterios de exclusión tan importantes como los de inclusión. Un error típico es describir al cliente ideal como “empresas que necesiten tecnología”, lo cual no sirve para nada.
Lo que se escribe es una ficha con sector, tamaño, cargo del que decide, y el dolor específico que dispara la búsqueda.
Nodika define su ICP así: empresas industriales o de retail de entre 200 y 800 empleados, con un director de sistemas o de operaciones que ya intentó resolver algo con su equipo interno y no llegó, y que tiene presupuesto aprobado o a punto de aprobarse para el próximo trimestre. Excluyen explícitamente a startups y a empresas de menos de 50 empleados, porque el ticket no cierra los números.
Paso 3: diagnosticar dónde estás parado hoy
Antes de decidir acciones hay que anotar, sin maquillaje, qué existe y qué no. Web, presencia en LinkedIn, contenido publicado, base de contactos, historial de referidos, tiempo de respuesta a una consulta entrante.
Lo que se escribe es una lista corta de activos y de vacíos, no un informe de veinte páginas.
En Nodika el diagnóstico queda así: tienen una web desactualizada que no genera ni una consulta por mes, un perfil de LinkedIn de la empresa casi inactivo, pero tres socios con buena reputación personal en su nicho que nadie está usando de forma sistemática. Ese detalle, el capital reputacional de las personas, termina siendo la base de la estrategia.
Paso 4: elegir el canal, no todos los canales
Acá se decide dónde se va a poner el esfuerzo real, sabiendo que un plan que ataca cinco frentes a la vez no ejecuta ninguno bien. La decisión depende de dónde vive el ICP, no de dónde es más cómodo publicar.
Lo que se escribe es un canal principal y, como mucho, uno secundario de sostén.
Nodika elige LinkedIn como canal principal, apalancado en los perfiles personales de los tres socios, y correo directo segmentado como canal secundario para tocar puerta a cuentas puntuales que ya identificaron por nombre. Descartan explícitamente publicidad paga en esta primera etapa, porque el ticket alto necesita confianza antes que alcance.
Paso 5: definir la oferta de entrada
Un plan de marketing sin una oferta concreta es una declaración de intenciones. Acá se decide qué es lo primero que le vas a proponer a un desconocido para que dé el siguiente paso, algo más chico que el proyecto completo.
Lo que se escribe es esa oferta de entrada, con nombre y con qué resuelve.
Nodika arma un diagnóstico técnico de infraestructura de treinta minutos, sin costo, donde el resultado es un informe con tres hallazgos concretos y una recomendación priorizada. No es una demo genérica, es un entregable con valor propio aunque el prospecto nunca contrate el proyecto grande.
Paso 6: escribir el mensaje y la propuesta de valor
Acá se decide qué se dice y a quién, evitando el lenguaje de “somos expertos en soluciones integrales”. El mensaje tiene que nombrar el problema del ICP con las palabras que usa ese ICP, no las que usa el proveedor.
Lo que se escribe son dos o tres líneas de mensaje central, que después se adaptan a cada formato.
El mensaje de Nodika queda así: “Tu equipo de sistemas resuelve el día a día, pero los proyectos grandes de integración se estancan porque no tienen el ancho de banda ni la especialización puntual. Nosotros entramos justo ahí, con equipos que ya hicieron esto en industrias parecidas a la tuya.” Ese mensaje se repite en el perfil de LinkedIn de los socios, en el correo directo y en la primera línea de cualquier propuesta.
Paso 7: diseñar el pipeline, de la primera visita a la reunión real
Esto es lo que la mayoría de los planes se salta, y es la parte que convierte un documento en un sistema de adquisición. Acá se decide, paso por paso, qué tiene que pasar entre que alguien ve el contenido y se sienta en una reunión de venta.
Lo que se escribe es una secuencia concreta, con la acción que corresponde a cada etapa.
El pipeline de Nodika queda así: publicación semanal de un socio en LinkedIn sobre un caso técnico real (sin nombrar al cliente), interacción y comentarios que generan mensajes directos, oferta del diagnóstico técnico gratuito a quien muestra interés real, entrega del diagnóstico como reunión de treinta minutos, y de ahí, si hay fit, propuesta formal del proyecto grande. Cada etapa tiene un responsable y un tiempo máximo de respuesta, porque en ticket alto la lentitud mata más oportunidades que la falta de contenido.
Paso 8: definir los KPIs de proceso, no los de vanidad
Acá se decide qué se va a medir cada semana, y tiene que ser algo que anticipe el resultado, no algo que solo lo celebre después. Los likes y las impresiones no dicen nada sobre si el plan está funcionando.
Lo que se escribe son tres o cuatro métricas de proceso, con un número mínimo esperado.
Nodika mide: cantidad de mensajes directos generados por semana (meta: cinco), cantidad de diagnósticos técnicos agendados por mes (meta: cuatro), tasa de diagnósticos que pasan a propuesta formal (meta: 40%), y tiempo promedio de respuesta a un mensaje entrante (meta: menos de cuatro horas hábiles). Si estos números no se mueven, el problema no es la propuesta comercial, es algo más arriba en el embudo.
Paso 9: presupuesto, responsables y calendario
Acá se decide quién hace qué, con qué plata y en qué semana. Un plan sin nombre propio al lado de cada tarea es una lista de deseos.
Lo que se escribe es un calendario simple, mes por mes, con responsable único por acción.
En Nodika, uno de los socios queda a cargo de escribir y publicar (con ayuda de un editor externo para pulir el texto), otro socio responde los mensajes directos en menos de cuatro horas, y la gerente de operaciones agenda los diagnósticos y arma el informe posterior. El presupuesto es bajo en pauta y alto en tiempo de las personas senior, porque en este tipo de venta la credibilidad no se compra con publicidad.
Por qué un plan B2B de ticket alto no se parece al de un retail
Acá está el error más común de las recetas genéricas: tratan igual a una empresa que vende productos de bajo costo a miles de personas que a una empresa que vende seis proyectos al año de 30.000 dólares. No son el mismo juego.
En retail o e-commerce el plan gira alrededor de volumen, frecuencia y automatización: tráfico pago, conversión en la web, recompra. La decisión de compra es rápida y muchas veces impulsiva, así que el canal y el mensaje están optimizados para el momento cero.
En un negocio como el de Nodika, la decisión de compra la toma un comité, tarda meses, y depende de confianza construida antes de que exista una necesidad explícita. Por eso el plan no puede apoyarse en pauta fría ni en formularios de descarga masiva: se apoya en reputación personal, contenido técnico específico y un paso intermedio (el diagnóstico gratuito) que reemplaza la prueba social que en retail dan las reseñas.
Confundir estos dos mundos es la razón por la que tantos planes de marketing B2B terminan pareciendo campañas de retail con logo cambiado, y por la que generan tráfico sin generar reuniones.
De la planilla al pipeline: cómo el plan termina en reuniones reales
Un plan de marketing que no dice explícitamente cómo se convierte una publicación o un correo en una reunión agendada en el calendario de ventas no es un plan, es un calendario de contenidos con otro nombre.
La clave está en no dejar ese salto librado al azar. En el ejemplo de Nodika, cada pieza de contenido tiene una acción siguiente explícita (el mensaje directo), cada mensaje directo tiene una oferta concreta que lo empuja a agendar (el diagnóstico), y cada diagnóstico tiene un cierre estructurado que desemboca en una propuesta. No hay ningún punto de la secuencia donde el prospecto tenga que adivinar cuál es el próximo paso.
Esto es lo que en Claucave llamamos correr el plan como arquitectura comercial: no se trata de producir contenido y esperar que algo pase, sino de diseñar cada eslabón para que empuje al siguiente. Nosotros armamos así nuestra propia estructura de adquisición antes de proponérsela a nadie, y es la razón por la que insistimos tanto en este paso: sin él, todo lo anterior es estética.
Los errores que hacen que un plan de marketing quede en el cajón
La mayoría de los planes no fracasan por estar mal pensados, fracasan por cómo se ejecutan (o no se ejecutan) después de escritos. Estos son los patrones más repetidos.
- Nadie tiene el nombre al lado de la tarea. Si una acción no tiene un responsable único con su nombre propio, la hace todo el mundo, que es lo mismo que no hacerla nadie.
- Se mide lo que se puede medir fácil, no lo que importa. Impresiones y alcance son cómodos de reportar, pero no dicen si hay reuniones agendadas.
- Se arranca por el canal en vez de arrancar por el objetivo. Decidir “vamos a estar en LinkedIn” antes de saber a quién le hablás y qué les vas a ofrecer es empezar la casa por el techo.
- Se abandona en la semana tres. Un plan B2B de ticket alto necesita meses de sostenido antes de mostrar reuniones, y la mayoría se corta apenas la primera publicación no tiene reacción inmediata.
- No hay paso intermedio entre el contenido y la venta. Sin algo como el diagnóstico gratuito de Nodika, el salto de “leyó un post” a “quiere comprar un proyecto de 30.000 dólares” es demasiado grande para que ocurra solo.
- El plan vive en un documento que nadie vuelve a abrir. Si no hay una revisión semanal corta donde se miran los KPIs de proceso, el plan se convierte en un PDF de archivo.
Un plan de marketing bien armado, como el que acabamos de recorrer con Nodika, no es una pieza de escritorio: es la lógica que conecta cada publicación con una reunión real en la agenda de ventas. Si tu empresa vende proyectos de ticket alto y hoy depende de referidos, en este enlace te armamos ese plan a medida, con la misma lógica de arquitectura comercial que usamos para nuestra propia adquisición.
Si preferís que el plan lo construya alguien con el diagnóstico hecho, mirá el Plan de Marketing B2B.
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